Salir del zurrón

 

 

Un libro bajo el brazo

 

E

n Andalucía los niños llegan al mundo con un libro bajo el brazo. El Consejo de Gobierno de la Junta acaba de aprobar el “Plan Integral para el Impulso de la Lectura”, que contará con una propulsión de 58 millones de euros y establece, entre otras medidas, la de obsequiar a los churumbeles recién nacidos con un “kit cultural” (el palabro es obra de la consejera andaluza de Cultura), que incluirá un cuento, un juego educativo y un pre-carné (?) de usuario de biblioteca.

No conozco yo las estadísticas de absentismo lector en Andalucía y si existe o no gente que se esté muriendo de hambre, pero este tipo de medidas viene a demostrar una vez más la falta de lucidez de los políticos para gestionar el erario público, invirtiendo los posibles en medidas ridículas e ingenuas que a quien único favorecen es al que va a fabricar los dichosos kits. Me imagino yo a la señora consejera de la Cosa Andaluza visitando las maternidades de la región para hacer entrega a las parturientas del kit cultural, que sin duda incluirá algo de Lorca o de Alberti. Me imagino yo a esta genial señora leyéndole a un gitanillo a los pies de la cuna aquel lorquiano “Romance de la luna, luna”, mientras “el niño la mira mira/ el niño la está mirando” y su padre ya ha arrancado pal rastro a revender la cajeta: “que en ve der dichoso ki, ya podía haber traído un cartón de leche, mi arma”. Ha dicho la consejera de la Cosa que los andaluces leen poco (¿dónde no?) y que hay que motivar a los niños desde chiquitos y de paso dar ejemplo a los padres promoviendo esta prematura afición. Pero un libro en manos de un recién nacido no es más que foco de infecciones, pues todo el mundo sabe que el bebé empieza a conocer el mundo a chupetones. Para el recién nacido, el libro es una sopa de letras.

Los políticos se emperran en hacer cultura con la basca, pero la basca pasa, entre otras gracias culturales, de los libros. Se dilapida un dineral año tras año para fomentar la lectura, pero la gente lee menos cada vez más. A lo mejor es que la basca no quiere libros porque en el colegio le enseñaron que Don Quijote se volvió loco de tanto leerlos. Y para volverse locos, mejor una granhermana buenorra dándose un baño checo en el jacuzzi. Este tipo de iniciativas culturales, como el dedicar un año entero a airear la momia de Cervantes, no sirven para otra cosa que para reeditar quijotes y elevar a Sancho Panza a lo más alto del top literario mediante un bellaco manteo editorial. A buen seguro que detrás del kit cultural de marras hay algún listillo que quiere vivir del cuento de la Junta Andaluza. De todas formas, yo también quiero que Dulce Xerach venga a leerme un cuento esta noche.

chm00000@teleline.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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