Salir del zurrón

 

Cruz de amantes

 

 

E

l artista Juan Pedro Ayala es un cachondo al que le va la marcha, un místico con mensaje subliminar que la basca no ha entendido. Pienso yo que con su “Cruz de amantes”, el cachondo Ayala ha querido construir una metáfora del matrimonio moderno, es decir, una cruz de amantes. Los católicos podemos estar tranquilos porque la entredicha cruz no alcanza a ser crucifijo ya que, si ustedes se fijan bien, el femenino travesaño queda a la altura del clavo sodomita; con lo cual es más bien una cruz de San Andrés, que como tal queda muy santacrucera. La basca, pues, no se ha enterado de lo que en realidad ha querido decir el cachondo Ayala con esa múltiple metáfora de la pareja de secantes culturistas, en una clara referencia al barrio de pescadores que tan necesitado está de una mano divina que les multiplique los panes y los peces, perdida ya la esperanza municipal. Zerolo, empero, ha sido más listo y ha retirado el adefesio a tiempo: «no vaya a ser que el pueblo le coja la intención al cachondo Ayala y me chafen las Fiestas de Mayo por un quítenme de ahí esas pajas».

A su vez, el cachondo Ayala nos muestra su condición de ingeniero místico que ha sabido articular una nueva postura sexual que añadir a las Sesenta y Cuatro Artes del maestro Vatsyayana, que a partir de ahora serán sesenta y cinco con la “Cruz de Amantes” o “Postura del Cachondo Ayala”, especialmente recomendada para matrimonios modernos, aspirantes al chacra universal.  Ahora que la cosa anda revuelta con esto de los matrimonios a tutiplén, está bien que haya salido a la palestra esta cruz de amantes que viene a solicitar la canonización del matrimonio homosexual, que también tiene su parte masculina y femenina. Sin embargo, hay que ponerle algún pero a la escultura del cachondo Ayala antes de que el maestro Vatsyayana la incorpore al Kamasutra. En primer lugar, ¿por qué una pareja de culturistas, si por ahí corre el rumor de que en vez de clavo calzan chincheta? Hubiera quedado mejor una pareja de obreros de la construcción a los cuales se les supone mayor talla, al menos por el alarde que diariamente hacen de ella desde el púlpito de la obra. La Postura del Cachondo Ayala no tiene carpintero que la autorice. Tampoco Newton daría su aprobación porque no hay manzana que soporte esa postura en la que Don Quijote hubiera reconocido (¡por fin!) un molino de viento construido con las prietas carnes de Dulcinea. Menos mal (o qué pena) que Zerolo quitó el adefesio, porque las noches santacruceras se habían convertido en una húmeda y florida congoja adolescente. La “Cruz de amantes” del cachondo Ayala quedará como icono subversivo que no llegó a subvertir nada porque hubo un alcalde moderado que la retiró a tiempo evitando otro Mayo del 68.

 

chm00000@teleline.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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