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Salir del zurrón
Kuntakintes
a semana pasada llegó a Tenerife el primer barco negrero. Dicen que unos pescadores denunciaron la presencia de una nave fantasma que iba a la deriva en medio de un mar de orines y olas de mugre. Los patrones del ghost ship se esfumaron en una lancha motora, como ectoplasmas amotinados, y todavía los están buscando. Me gustaría tratar aquí esta noticia en cuanto acontecimiento histórico. La última vez que vi un barco negrero fue en aquella serie televisiva, inspirada en el libro Raíces de Alex Haley, en la que salía Kunta Kinte, uno de los héroes de mi adolescencia (todo adolescente lleva un Kunta en su interior que busca la libertad) y que tanto me hizo llorar, sobre todo cuando le cortaron el pie al Kunta porque se negaba a que lo llamaran por el cánido nombre de Tobi. Esto del barco negrero es un obtuso salto en el tiempo que se lleva fraguando desde hace una temporada entre la prole de los mass media para montar un gran titular con la inminente llegada de esa gran patera ferrujenta procedente de África con una corte de príncipes nubios que buscan el dorado metal en Occidente, mientras los de aquí se alistan a la masacre del infiel por el oro negro del Creciente Fértil. Esto del barco negrero suena a esclavitud pura y dura, y es que ya no se escatiman apelativos para calificar una obscena realidad (la de la inmigración) acerca de unos desgraciados que, cada día en mayor número, llegan a nuestras costas buscando Eldorado y no encuentran más que doradas pepitas en las huertas de tomates. Sin embargo, a estos señores del barco negrero habría que recibirlos con todos los honores históricos que se merecen y abrirles de par en par las puertas de nuestros puertos, pues no todos los días arriban a estas islas esos Queen Maries del siglo XVIII que difundían la esclavitud por las metrópolis del mundo. Habrá que ir organizando el próximo desembarco, para lo cual me apunto voluntario. Recomiendo que se adecue y engalane la carnavalesca Plaza de España para montar un mercado de esclavos (¿mercado negro?) digno de la Roma Imperial. Me encantará estar presente ese día y pujaré, sin dudarlo, por los ojos de una esclava nubia que me haga revivir aquellos patricios placeres de antaño. Y es que de la patera de navegar por casa hemos pasado al barco negrero, al nauseabundo trasatlántico de la esclavitud encubierta, al Titanic neolítico de la economía moderna. A partir de ahora, los tour operadores ofrecerán nuevos chollos en sus coloristas catálogos: los cruceros coloniales Vacaciones Africanas en el Mar, que incluirán estancia en un improvisado centro de inmigrantes de cinco cruces rojas, con todos los humanitarios gastos pagados mientras dure el trámite de la repatriación. La política turística en Canarias da para mucho. Sólo hay que echarle un poco de imaginación. Mientras tanto, creo que ya va siendo hora de que repongan Raíces. Sugiero que sea en La Nuestra.
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