Salir del zurrón

 

 

Enfermedades exóticas 

 

 

La Universidad de La Laguna tiene ya su instituto para el estudio de las enfermedades tropicales. Durante el presentación del evento, don Basilio Valladares, parasitólogo que dirigirá la institución, advirtió de la aparición de nuevas enfermedades a través de animales exóticos que no se someten a los controles sanitarios y cuarentenas correspondientes. También dijo que los canarios somos unos caprichosos. En esto último le doy la razón: sobre todo entre los políticos existe mucho caprichoso que no sabe qué hacer con el dinero público. En cuanto a la necesidad de un centro de estas características, tengo mis dudas. Me pregunto si el dinero que se va a gastar en estudiar esas enfermedades que vienen ocultas bajo las escamas de la iguana, no se podría invertir en estudiar las enfermedades que aquejan a la larga lista de espera de pacientes canarios. O en poner los medios para que no entren animales foráneos. Digo yo que, a lo mejor, en los aeropuertos, la Guardia Civil se podría fijar un poquito más cuando llegan nuestros turistas con sus collares de serpiente y los cocodrilos escondidos en los zapatos. No me digan ustedes que no se nota a la legua que un avestruz es un avestruz y no una prima-hermana un tanto desmejorada que viene a pasar unos días en la isla.

Esto nos da a conocer, por otra parte, el perfil del nuevo turista del siglo XXI. Antiguamente, cuando uno se iba de viaje, procuraba traerse un recuerdito para la familia en forma de figura conmemorativa o repostería típica, pero de último la gente prefiere traerse un recuerdazo del hábitat en cuestión y se agencia un áspid egipcio, un camaleón amazónico o unas ladillas tailandesas. Un señor que factura la cacatúa de su mujer es tan sospechoso de delito como aquel individuo que se trajo de souvenir unas navajas de Albacete. Sólo que la cacatúa no pita al pasar por esa puerta de control de los aeropuertos, que es como la puerta de los puticlubs: con su lucecita roja y todo. La sombra alargada de Bin Laden nos ha hecho olvidar que existen otros terrorismos, como el zoológico, y que un señor de El Sauzal puede ser un terrorista en potencia que esconde entre su equipaje un puñado de huevos de iguana que son como un racimo de bombas de destrucción masiva.

Pero el problema de estos dineros mal invertidos radica en que el lema de la Sanidad Canaria parece ser "más vale curar que prevenir". Por eso nuestros políticos tienen tanta prisa por crear centros para tratar las enfermedades tropicales, como también urgen muchos más centros para inmigrantes ilegales, más centros para menores con problemas de conducta o más cárceles para malhechores de toda ralea. Insisto, más vale curar que prevenir. El problema de las enfermedades exóticas no está en los animales que las portan (a veces, por naturaleza), sino en las bestias de carga que introducen estas especies en hábitats ajenos. Somos la reserva exótica de Europa. ¡Viva la Constitución!

chm00000@teleline.es

 

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