Salir del zurrón

 

Misseria

 

 

E

l domingo pasado madrugué (me acosté de madrugada) para ver la cosa esa de la más guapa de España que, para no variar, lleva la dichosa etiqueta anglópata de “miss”. Este año, con más razón, porque ganó una que, a mi gusto, se parecía a la Cindy Crawford, aunque según la parienta tenía más bien un aire a la Julia Roberts. En cualquiera de los casos, se confirman mis sospechas: o en España no tenemos mujeres agraciadas o no las queremos exhibir, como en realidad son, en esas ferias internacionales de belleza donde todos los años gana una de Venezuela a la que luego invitaremos para mostrar cómo se pintorrea el careto ante los ojos del Gran Hermano. Confirmándose una sospecha más: en España tampoco tenemos famosillos suficientes para que la gente se gaste una pasta en mensajes que servirán para dar de comer a cuatro caraduras que viven del cuento. Pero volvamos a la cosa de la más guapa de España que, para abreviar, en adelante llamaremos “misseria”.

En la Misseria de este año colaron a la Cindy Crawford para hacerla pasar por una señorita de Girona y regalarle seis mil euros y una corona con forma de papelera ecológica. En nuestro afán de querer exportar cosas al mundo, hemos vuelto a caer en el fallo de copiar patrones. La parienta y yo habíamos apostado por la hermosura contenida de la señorita de Lleida. O por la de Las Palmas: una Venus deshidratada por la arena de la Playa de Las Canteras. Pero la ilerdense metió la pata en el último minuto, cuando demostró que sabía hablar medianamente bien; mientras sobre la canariona rondaba el espectro siniestro de la Eugenia Santana, ganadora de la Misseria de 1993. Eché de menos ese pase en traje regional que tanto dignificaba el provincialismo español, pero es que ahora se estila otro provincialismo fashion importado de Hollywood y las revistas de la moda: que luego no vas a sacar a la chica en el Interviú curtida en enaguas y la cabeza enrollada en un pañuelo. La Misseria de este año dio muestras de esa barraganería española que se resiste a relegar la cosa americana y que pretende convertir en canon estético aquel efímero apretón de manos entre el Remendón y el Cowboy. Pero la belleza española creo yo que vale más de esos quince segundos de gloria del ZP. Esto de la Misseria no es más que otro montaje mediático (el de este año presentado por un boquín que no se sabía el nombre de las señoritas) que proporcionará más leña a los programas de escatología rosa. La Misseria de este año demostró por boca de las propias señoritas que, para desgracia de las feministas, existe un amplio y desnutrido grupo de mujeres cuya ilusión es convertirse en carne de tómbolas y pasarelas. Ahora me explico la actitud y algunas maneras del respetable de los institutos. El señor Ruano debería tomar desnutrida nota y dejarse de invertir el dinero del pueblo en chorradas como la formación del profesorado o el estímulo a la lectura. La solución está en la Misseria Educativa. Yo, como el resto de los docentes canarios, nos apuntaremos a secretarios del jurado: con voz, pero sin voto.

 

chm00000@teleline.es

 

Anterior