Lectores

 

 

Novelistas de a pie

 

 

Existe un grupo de novelistas que está aún por descubrir, un grupo de novelistas que se ha hecho a sí mismo en la escuela de la vida, un grupo de novelistas al margen de leyes generacionales y otros criterios más o menos academicistas. Se trata de un colectivo literario que desde hace tiempo lleva pidiendo a gritos una oportunidad, anunciándose en las páginas de sucesos de los periódicos, a la caza y captura de editor; pero al que nadie hace caso.

La noticia del notas —magistral biopic social creado por los hermanos Cohen en El Gran Lebowski— que trató de endilgarle 500 euros a la parienta simulando un supuesto secuestro es un ejemplo claro de la anterior obertura. El argumento de dicho secuestro da para un buen novelón de 300 páginas y augura guión cinematográfico con visos de trilogía. Mucha gente anda preocupada con esta noticia porque se ha quedado en la estructura superficial de la misma: la esposa engañada, los dineros defraudados al erario doméstico con furibundas artimañas y que anden por medio unas meretrices borrachuzas. Sin embargo, lo importante de la noticia, su estructura profunda, está en que este señor se curró la historia —que merece al menos un accésit en los juegos florales de su pueblo— antes de atreverse a dar el paso de ir a denunciarlo al cuartelillo, que para eso también hay que tenerlos bien puestos y ya pagará por ello donde tenga que pagar. Pero es que para ser buen novelista hay que chupar primero mucha celda y mucha letrina carcelaria: hay que alcanzar la degradación (condición sine qua non) que te catapulte al Parnaso literario. Muchos escritores saben lo que es barruntar una novela al calor de un par de fornidos brazos tatuados con inspiradoras sentencias como “Amor de madre”. Me imagino al notas de los 500 euros pasando la noches en vela tratando de cuadrar una historia más o menos verosímil mientras contempla la desnuda nuca de su esposa que duerme a pierna suelta ajena a toda fantasía. Hay que confesar, empero, que la historia abusa de ciertos tópicos y lugares comunes, como que los malos sean magrebíes y estén esperando en el monte de La Esperanza a medianoche, con el biruje que hace a esas horas en aquellas alturas. Pero, en general, la historia no está mal. Peores argumentos merecieron planetarios galardones.

Ahora sólo falta por ver si el notas en cuestión está capacitado (y dispuesto) para escribir la historia. En caso contrario, yo me presento voluntario para plagiar su biografía.

 

Cristo Hernández

chm00000@teleline.es

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