|
Salir del zurrón
La Internet
n reciente estudio sobre La Internet desvela que la mayoría de fraudes que se tejen en esta red de comunicaciones son los fraudes de personalidad o identidad. Es decir, que quienes nos conectamos con cierta asiduidad a través de La Internet no somos quienes decimos ser. A mi este estudio me parece sumamente acertado y desde el altozano virtual de mi ordenador tengo que proclamar a voz en grito que estoy muy orgulloso de ser quien no soy. Y al que no le guste, que no se conecte. Ahora mismo, sin ir más lejos, no sé si soy yo mismo quien escribe estas líneas. Tengo mi casa empapelada de libros de toda índole (mayormente noveluchas, incluidas las mías) y, cada vez que cojo uno y lo leo, trato de imaginarme que soy yo ese personajillo de papel que tanto divaga, mata o folla. Durante un par de horas al día me siento el hombre más feliz del mundo porque puedo ser quien no soy sin miedo a que me interrumpan, enchironen o ingresen en la UVI por inflamación de los cuerpos cavernosos. Gracias a La Internet se ha producido un avance en esa virtualidad del homo legens (“un salto cualitativo”, que dirían los cursis), para convertirnos en homo scribens, porque ahora la novela la escribimos nosotros, en vivo y en directo ante nuestros lectores, forjando una nueva personalidad a golpe de teclado ante una viciosilla señorita de Murcia, que no sabemos si es murciana ni señorita. Por otro lado, contamos con la ventaja de que a través de La Internet se conecta gente muy pazguata que necesita creer a toda costa. Sin ir más lejos, el otro día me hice pasar por Miss España y me han llovido ofertas de todos los colores. Incluso un sexagenario gallego me ofreció seis mil euros por dejarle probar el jamón de pata negra. Ya quedaremos un día de estos para que me haga la transferencia a una cuenta en las Islas Caimán. Por el momento lo tengo engodado con unas fotos de la Misseria de este año. La Internet es esa celestina vieja y resabiada que acoge en su seno a todo diablo que pueda pagarse una tarifa plana y, una vez satisfecho el estipendio, se nos abre de piernas y nos ofrece, generosa y melancólica, el género de que dispone, que es variopinto y selecto. La Internet tiene de todo: que usted quiere fabricarse una bomba atómica para tirársela al vecino porque no deja de incordiar, pues La Internet le regala el croquis del petardo nuclear; que usted quiere vender las reliquias de un santo milagroso para sumar un par de euros a sus ingresos fijos, pues La Internet le monta el negocio; que usted quiere hacerse un lifting de personalidad con currículum vitae envidiable, pues La Internet le pondrá en contacto con otros incrédulos (y boleros) como usted. Después de las toallitas húmedas, creo yo que La Internet es el mayor descubrimiento en la Historia de la Humanidad, un descubrimiento que nos hará ascender un peldaño más en el escalafón de los homínidos: de homo sapiens a homo internetiensis. Con la inspiración de La Internet escribe uno cada día esa página de la novela de nuestra vida a la que sólo pondremos punto y final el día que nos corten la línea por falta de pago.
|
| Anterior |