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Los archivos secretos del Dr. Hernand
DE TERMINOLOGÍAS Y OTROS ASUNTOS MÁS GRAVES: EL COMPLEJO DE EDIPO
Disculpen que no haya vuelto a publicar nada hasta la fecha, pero el caso es que he estado en un tris de abandonar mi investigación. Llevo unas semanas recibiendo anónimos, casi a diario, que me instan a abandonar mi trabajo. Desconozco por el momento la identidad exacta de quien se esconde tras este cobarde anonimato, pero el individuo en cuestión amenaza con frustrar mi vida y la de quienes conviven conmigo, si continúo sacando a la luz estos documentos. He puesto el caso en conocimiento de la policía y han hecho oídos sordos a mi causa. Incluso entre los números de la comandancia de La Laguna hay algún trencilla que ha leído mis artículos anteriores y se corre la voz por los pasillos de la comisaría de que soy un individuo alucinado, un loco sin remedio, que sólo pretende hacerse notar inventándose historias y papeles secretos de un tío que únicamente existe en mi imaginación. Vamos, otro caso clínico digno del estetoscopio de mi propio tío. Llevo días sin poder dormir, me paso las noches en vela, montando guardia por los pasillos oscuros de mi casa, temiendo que en cualquier momento el anonimato de mi epistolar acosador se torne identidad palpable y rotunda tras el filo de un arma punzante. He puesto rejas a todas las ventanas de la casa y he guarnecido las entradas con la última tecnología en seguridad doméstica, pero aún así no me siento seguro y trasnocho obsesionado por la seguridad de los míos, empuñando una navaja que me traje hace poco de un viaje a Albacete. Por el día camino por las calles con un desvelo mayor que el nocturno, esperando que en cualquier momento surja mi acosador de una innominada esquina para cobrarse en puñaladas la osadía de mi odisea literaria, que tanto mal le produce. Con tanto desvelo, he tenido tiempo de sobra para reflexionar acerca de la identidad de este infame acosador y de cuáles puedan ser las causas de sus amenazas. Obviamente, no veo yo qué mal le puede hacer a nadie una publicación científica de unos papeles póstumos, pero después de la lectura de algunos episodios de la biografía de mi tío, estoy en disposición de afirmar que el Dr. Hernand se había ganado muchos enemigos durante su trayectoria profesional en tierras gabachas, porque puso en entredicho, cuando no en ridículo, a numerosos colegas del gremio, a los cuales tacha de incompetentes y lacayos serviles de una ciencia médica difusa y trasnochada. Entre sus enemigos, se cuentan numerosos seguidores de la escuela psicoanalítica que se remonta a Freud. En la biografía titulada Dr. Hernand: une vie dans l'esprit, que sobre la figura de mi tío escribió el biógrafo francés Jean Babelon, se cuentan numerosas anécdotas acerca de la particular relación que mi tío entabló con los seguidores de Sigmund Freud. El tal Babelon es hijo de otro conocido biógrafo de mediados del siglo XX, llamado también Jean Babelon, entre cuyas obras destaca una biografía de Cervantes. Babelon hijo cuenta sobre mi tío (la traducción es mía, pues no existe versión oficial en español) cómo en un congreso homenaje a la figura de Sigmund Freud, celebrado en Paris en el año 1989 con motivo del 50 aniversario de la muerte del padre del Psicoanálisis, el Dr. Hernand tuvo la osadía de presentar una comunicación en la que ponía en entredicho uno de los grandes descubrimientos del Psicoanálisis en el estudio del desarrollo infantil, como es el Complejo de Edipo. El Dr. Hernand, buen conocedor de la Mitología Clásica, echa por tierra la terminología utilizada por Freud para bautizar el conocido complejo que caracteriza la etapa fálica del individuo, provocando la desaprobación y la algarabía entre un público enardecido de filofreudianos de tomo y lomo. Espero que mi anónimo acosador esté leyendo este artículo porque, después de mucho considerarlo, estoy dispuesto a tomarme la justicia por mi mano. Estoy ya hasta las narices de sus ridículos mensajes y de no pegar ojo en toda la noche. Así que he decidido pasar a la acción. Me da igual que la policía no colabore en este asunto pues he decidido abrir mi propia investigación. No dudes que voy a dar contigo, maldito conspirador de las narices. Pondré todos los medios a mi alcance (que son muchos, aunque tú no lo creas) para dar contigo. Reconozco a la legua a los tipos como tú, esa calaña de pseudocientíficos resentidos que no tienen la decencia ni el valor de reconocer sus limitaciones. Tipejos como ustedes los hay en todos los gremios, una sarta de babosos que impiden el libre fluir de la ciencia y la literatura. Pero hasta aquí hemos llegado. Tengo que decirte, matón de tres al cuarto, que estoy en la pista de tu identidad. Esos crípticos mensajes que me has enviado, donde no te atreves a firmar de puño y letra, donde recurres al infantil recurso del recorte de periódicos y revistas para ocultar tu caligrafía (que intuyo ilegible, como la de cualquier médico), esos anónimos van a ser tu perdición. La próxima vez que recortes algo para componer un falaz mensaje, fíjate en lo que pone en el reverso de la pegatina, ¡so bobate! Tras el examen y el análisis de esos palimpsestos he trazado un perfil que sin duda me conducirá a ti. Y para que veas que no te tengo miedo, continuaré con la publicación de los papeles de mi tío, concretamente con algo que te va a doler, porque estoy seguro de que tú eres uno de esos perdedores, que no saben encajar la derrota, que se encontraban en aquel foro que hace veinte años mi tío puso en evidencia y que tan magistralmente describe el biógrafo Jean Babelon. Así que lee un poco y distráete. Refocílate entre tu propia mierda, porque los lectores van a saber muy pronto quién eres. Y si después de leer, te sientes con ganas de mandarme otro anónimo, te conmino a que utilices este mismo artículo como glosario de tus ridículos recortables. Aunque dudo que las pocas neuronas que te quedan den para algo más que una oración simple copulativa.
Después de buscar entre los papeles de mi tío alguna referencia a la ponencia de la que se hace eco su biógrafo Jean Babelon con motivo del Simposium 50 Aniversario de la muerte de Sigmund Freud, hallé un breviario que describe algunas anécdotas referidas a la terminología relacionada con algunas patologías clínicas, entre las cuales se encontraba ésta del Complejo de Edipo. El Dr. Hernand afirma que “Sigmund Freud cometió un error imperdonable al interpretar el mito de Edipo, que de forma tan magistral describe Sófocles en su Edipo Rey y ratifica en Antígona y Edipo en Colono, la otras dos partes de la gran trilogía sofoclea sobre el Ciclo Tebano”. “Según Freud”, escribe el Dr. Hernand, “en la construcción de la identidad sexual que hacemos a lo largo de nuestra infancia y adolescencia, tiene especial importancia el Complejo de Edipo, complejo que se produce en la etapa fálica”. El Dr. Hernand opina que el Complejo de Edipo es una fase evolutiva que vendría a ser algo así como una especie de taller de la personalidad donde el niño busca su sitio en el mundo. En esta búsqueda de la identidad, el niño siente un conjunto de deseos amorosos y hostiles hacia sus padres. Generalmente, se inclina por sentimientos amorosos hacia el progenitor del sexo opuesto y por sentimientos hostiles hacia el progenitor del mismo sexo. En el caso del niño, el fenómeno recibe el nombre de Complejo de Edipo, mientras que en el caso de la niña recibe el de Complejo de Electra. Según el Dr. Hernand, Freud utiliza el mito de Edipo Rey para justificar la hostilidad del niño hacia su padre y el amor a su madre, “pues Edipo mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta”. Sin embargo, la interpretación que hace Freud del mito “es una interpretación a la ligera, que no tiene en cuenta el verdadero argumento del mito”. A continuación, el Dr, Hernand expone un resumen del mito de Edipo:
En la ciudad de Tebas reinaba Layo, descendiente de Cadmo, primitivo fundador de la ciudad. Layo estaba casado con Yocasta, pero un oráculo le prohíbe tener hijos, porque si lo hace, Layo morirá a manos de su propio hijo. Sin embargo, Yocasta queda embarazada y tiene un hijo (Edipo) al que, nada más nacer, Layo, temiendo el oráculo, abandona en el monte Citerón. Edipo es recogido por unos pastores y es llevado a la ciudad de Corinto y entregado a la reina Mérope, quien lo cría junto a su esposo, el rey Pólibo. Cuando ya era adulto, Edipo se entera por terceras personas de que Pólibo y Mérope no son sus verdaderos padres. Edipo pregunta a sus padres adoptivos sobre esta cuestión, pero ellos no le quieren decir la verdad. Así que Edipo decide marchar hacia Delfos a consultar el oráculo. Al llegar a Delfos, el oráculo no da contestación a su pregunta, pero en cambio le dice que tenga cuidado, pues va a matar a su padre y a casarse con su madre. Ante la duda de su filiación, Edipo decide no volver a Corinto, no vaya a ser que en realidad Pólibo y Mérope sean sus padres y, por circunstancias para él desconocidas, se cumpla el oráculo. Edipo, pues, sigue su camino y, por casualidad, se encuentra en una encrucijada con una comitiva en la que viajaba su verdadero padre, Layo. Ambos discuten por la preferencia de paso en el camino y Edipo mata a Layo. Edipo sigue su camino y llega a las afueras de Tebas, en donde halla una Esfinge que atormentaba a los ciudadanos, proponiéndole acertijos y matando a todo el que no respondiera adecuadamente. La Esfinge le propone a Edipo el siguiente acertijo:
«¿Cuál es el ser que es a la vez de cuatro patas, de dos y de tres?»
Edipo le contesta que ese ser es el hombre, pues anda a cuatro patas en su infancia, a dos en su madurez, y a tres, apoyado en un bastón, en la senectud. La respuesta era correcta y la Esfinge, desesperada, se lanza por un precipicio y se mata, dejando de ser una plaga para Tebas. Durante el tiempo que transcurre entre la muerte de Layo y la de la Esfinge, Tebas es gobernada por Creonte, hermano de Yocasta, que promete el trono y la mano de su hermana a quien sea capaz de acabar con la Esfinge. Edipo, pues, llega a Tebas como vencedor de la Esfinge y Creonte le entrega el trono y Edipo se casa con Yocasta, sin saber que se trata de su madre. De la unión de este matrimonio nacen cuatro hijos: dos varones, Eteocles y Polinices, y dos hembras, Antígona e Ismene. Pero, andando el tiempo, se descubre la verdad y, entonces, Yocasta se suicida y Edipo se arranca los ojos. Edipo se marcha de Tebas, acompañado de su hija Antígona, que le hace de lazarillo, y llegan a Colono, un lugar cercano a Atenas.
A la vista del mito, queda claro, pues, que Edipo asesina a su padre sin conocer su identidad y luego se casa con su madre sin saber el parentesco que lo une a la reina de Tebas. De esta forma, el Dr. Hernand afirma: “los freudianos apoyan su tesis del Complejo de Edipo en los hechos desnudos del mito desarrollado por Sófocles, pero se cargan toda la estructura de la tragedia sofoclea obviando toda la trama, que ha hecho del Edipo Rey la obra precursora de la moderna novela de intriga”. Concluye el Dr. Hernand que “en cualquier caso la relación de Edipo y Yocasta tendría que figurar como ejemplo claro de gerontofilia, pues se comprende que a Edipo le gustaban maduritas”.
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